sombra, por la maravillosa perversidad paternalista de su antagonista.
Scott descuida -quizá deliberadamente- la trama de la investigación para capturar a su mefistofélico vástago cinematográfico. Flaquea en la descripción ese policía, perdedor por su integridad, para desplegar su intermitente genialidad con el gángster implacable, histriónico, atractivo y escalofriante. Cálido en su carisma, gélido en su capacidad de matar.
Para componerlo, se crece con la complicidad de