remilgos en eliminar escenas sexuales y violentas y en cambiar el diálogo para dulcificar la traición de su protagonista al patriotismo chino, cuando en una joyería avisa a un colaborador de los japoneses de una trampa para asesinarlo.
"Lo más importante es que mi filme se haga y se vea", subrayó Ang Lee, consciente de las limitaciones políticas en China. "Desearía que desapareciesen los países y todos estemos en un mundo sin fronteras", afirmó Lee, entre el fuego cruzado de los cortejos de Taiwán y China a este director nacido en la isla y de padres llegados con el caudillo chino Chiang Kai-shek en 1949.