
MADRID, 16 ENERO, ABPRESS.NET
PRESENTACIÓN DE LA EXPOSICIÓN :
“Mujeres en plural, es singular”
Extracto de la introducción de la comisaria, Lola Garrido, al catálogo “Mujeres en plural”:
'La exposición Mujeres en plural representa el mundo femenino en toda la extensión de la
palabra: en su forma y fondo. Una mujer poliédrica que puede ser todas las mujeres, con
aristas y sin concesiones. Amplia de miras y horizontes.
Mujeres retratadas hacia la vida como
si nunca hubieran firmado su caducidad, imágenes que compraron a plazos la eternidad y se
quedan en nuestra retina como un mundo de posibilidades. La cámara es el único ojo viejo
que tatúa para siempre una mirada eterna, recogiendo el efímero momento.
En la exposición se han reunido obras emblemáticas de la fotografía, en su mayoría de
artistas reconocidos internacionalmente, muchos de ellos parte de la historia de la fotografía.
En total 98 retratos, 60 autores, de los que 19 son mujeres.
No es ésta una muestra reivindicativa, ni combativa. Tampoco de género, ya que la intención
es representar la pluralidad por medio de artistas masculinos y femeninos, en todas sus
dimensiones y teniendo como eje conductor una parte de la historia fotográfica.
Desde el pictorialismo hasta el realismo objetivo, pasando por el futurismo, la nueva
objetividad y otros géneros, la imagen femenina en fotografía ha protagonizado un continuo
cambio a través de la diversidad y la innovación.
Los estilos de representación han variado en
concepto y descripción.
Las mujeres que aparecen en esta selección se diferencian por su singularidad. No todas son
bellezas clásicas, ni destacan por su delicadeza, su fuerza o apariencia misteriosa. El hilo
transparente que tiende puentes entre ellas es que cada una puede ser un pequeño cristal de
ese caleidoscopio que engloba el término. Figuras que cuentan una historia como si les
hubiéramos preguntado. Retratos que no buscan la verdad, porque la verdad en fotografía tuvo como otras bellas
mentiras una vida muy corta. Pronto trató de distanciarse de la realidad para pasar a ser
creativa y reinterpretar o inventar la existencia. De ahí que la fotografía de retrato y la
fotografía de moda sean lo más específico del género, ya que mantienen la ambigüedad plena
entre ficción y realidad. La gran fotografía de moda y sus retratos –como el gran arte en
general– no habla sólo de hoy en día. Habla de verdades de ayer, hoy y siempre. El fotógrafo
Nick Knight dijo: “Si de verdad quieres realidad, ¿por qué no miras por la ventana?”...
Loop Gallery Holder
para Vogue (circa 1970), William Klein y su Piazza di Spagna, Roma (1960 para Vogue); Frank Horvart y su Givenchy Hat B. Paris (1958) o F.C
Gundlach y su Night in Black and White (1957) marcaron toda una época. El apogeo de las revistas femeninas elevó los modelos estéticos de elegancia y modernidad a la categoría de actitudes y en aquellas imágenes se miraron todas las mujeres de su tiempo.
Con casi todas las revoluciones hechas, la mujer llegaba a la década de los 80 impregnada de fuerza y de rebeldía. Valiéndose del tópico “una imagen vale más que mil palabras”, ahí está
La amiga de Iván (1984) del español García-Alix, para evidenciarlo. La inmaculada mulata de Cayó del cielo (1990), de la mexicana Graciela Iturbide, abre el final de un siglo que ha sido
antesala de la globalización de hoy en día
y epítome del poder adquirido por la mujer.
Sin embargo, más allá de la lectura histórica que puede tener la muestra, ésta es, ante todo,
un recorrido visual y estético.
Los retratos de Greta Garbo, Marlene Dietrich y Marilyn Monroe, que durante décadas fueron las tres divas por antonomasia del séptimo arte, han llegado intactos hasta nosotros de la
mano de Munkacsi, cuyo trabajo inspiró a Richard Avedon; de Cecil Beaton, retratista de la alta sociedad; y de Philippe Halsman, Martin Cole y Bern Stern, este último autor de la que ha
sido denominada “la última sesión fotográfica” realizada a Marilyn Monroe.
Pero Mujeres en plural es algo más que glamour y moda. En contraposición al brillo y el satén está la lucha de mujeres anónimas, como es el caso de las protagonistas de las instantáneas de Dorothea Lange, Robert Frank, Doisneau, Keïta Seydou o Castro Pietro.
Todas ellas componen esta muestra, en la que destacan las distintas facetas de la mujer y, por encima de todo, su belleza. Como dijo Robert Frank “para producir un auténtico documento fotográfico contemporáneo, el impacto visual tendría que ser tan fuerte como para
anular la explicación”.
CATÁLOGO “Mujeres en plural”. p.v.p. 45€
Incluye todas las fotografías de la exposición, reseñas biográficas de los artistas y textos introductorios
de Lola Garrido, comisaria de la exposición, Fernando Castro Flórez, crítico de arte y Cees Nootboom,
escritor holandés.
Del 22 de octubre de 2008 al 4 de enero de 2009 Fundación Canal
Mateo Inurria, 2 (junto a Plaza de Castilla) ENTRADA LIBRE. www.fundacioncanal.com .
Fotografías de la Exposición 'Mujeres en Plural'. Fundación Canal.
II. LA MUJER EN EL OBJETIVO:
Un siglo de fotografías
Mujeres en plural es una muestra internacional en la que
sesenta fotógrafos de hasta 20
países de cuatro continentes (Europa, América, África y Asia) ofrecen un retrato de la mujer a
lo largo del siglo XX. La exposición reúne obras emblemáticas de la fotografía pertenecientes
a una mayoría de artistas reconocidos internacionalmente; muchos de ellos maestros del siglo
XX.
Aunque la muestra no obedece a criterios cronológicos ni pretende convertirse en una
radiografía histórica ni antropológica, Mujeres en plural recoge la evolución que ha
experimentado el mundo femenino durante el siglo pasado.
A través de la fotografía documental (Berenice Abbott, Bill Brandt, Boubat, Elliot Erwitt, Inge
Morath o Keïta Seydou), del fotoperiodismo (Cartier-Bresson, Dorothea Lange); pero sobre
todo de la fotografía de moda (Lillian Bassman, Cecil Beaton, Gundlach, William Klein,
Marcus Leatherdale, Munkacsi o Irving Penn), la exposición se convierte en un caleidoscopio
que multiplica la imagen de la mujer y de su mundo.
Portrait Lady y The Long Cabin, ambas de Edward Steichen, son dos de las fotografías más
antiguas de la exposición. Fechadas, respectivamente, en 1908 y 1912, muestran un tipo de
mujer todavía decimonónica. Sólo ocho años más tarde, la estadounidense Berenice Abbott
retrataba a Dorothy Whitney (1920), una activista social con corte de pelo a lo garçon, que
aparecía ante la cámara vestida con una corbata y sonriendo al objetivo mientras sujeta un
cigarrillo con su mano derecha.
Eran los comienzos de un siglo en el que la mujer abandonaba,
definitivamente, el ámbito doméstico, dejando atrás corsés y prejuicios.
La provocadora pose en Die Tänzerin Elisa Altman (1923) de la alemana Madame D`Ora o Varvara Stepanova (1928) de Alexander Rodchenko, en la que el autor ruso fotografió a su compañera -una artista plástica que reflejó en su propia obra el momento histórico que atravesaban las mujeres de su país-, son un ejemplo de ese despunte femenino en la segunda década del siglo. La psicodélica y archiconocida Yo gato (1932) de la italiana Wanda Wulz y los cuerpos
entrelazados en La Besogne a Charnée (1934) de Cartier-Bresson, muestran hasta qué punto
la mujer había avanzado puestos en el siglo XX, cuando ni siquiera habían pasado cuatro
años de la década de los 30. Sin duda, éstas fueron algunas de las audaces precursoras de
esa libertad que se intuye en Lella in Bretagne (1947) de Edouard Boubat y que eclosiona en
Flower Power (1968) del alemán F.C. Gundlach.
La exposición cuenta con numerosos representantes de la mejor fotografía de moda. Destaca
Michael Comte, autor de la extraordinaria Daryl Hannah (1999), y uno de los mejores
fotógrafos de moda en activo. Junto a éste, la cuidada elaboración de las imágenes del
alemán Horst P. Horst, como puede verse en Round the Clock, New York (1987) o el
esnobismo sofisticado de Nude with parasol, July (1935) del rumano Martin Munkacsi. La mayoría de los fotógrafos fueron pioneros de la fotografía de moda, que pasó de ser en sus
inicios un vehículo al servicio de los anunciantes a convertirse en los 60 en la plataforma
desde donde se exhibían los mejores fotógrafos del momento.
Los trabajos de Irving Penn con su Moda
WALKER EVANS (1903-1975)
(15 de enero al 22 de marzo de 2009).
Desde el 15 de enero al 22 de marzo de 2009 se
podrá visitar, en la sala de exposiciones de
FUNDACIÓN MAPFRE, una completa retrospectiva
del fotógrafo norteamericano WALKER EVANS
(1903-1975), considerado como uno de los
referentes de la fotografía contemporánea.
La exposición está compuesta por más de un
centenar de extraordinarias fotografías (vintage),
realizadas en gelatina de plata, que proceden de
los fondos de la que sin duda es la principal colección particular de obras del
fotógrafo, y documenta ampliamente todas las etapas de la trayectoria de
Evans.
Su obra está lejos de lo que se consideraba arte en fotografía, estatus por el
que sin embargo los fotógrafos llevaban décadas luchando aunque por el
equivocado camino del sentimiento y la belleza evidentes. Precisamente es la
obra de Evans la que culmina esa evolución formal mediante la ruptura, con un
estilo que vino a llamarse documental, que miraba a los hechos directamente, y
estaba pensado para representar las cosas en relación a sí mismas,
aparentemente sin intervención, de una manera precisa, sin emociones ni
tendencia a la idealización. En resumen, como puros documentos que
minimizan sus cualidades estéticas.
Por primera vez, la fotografía como obra
de arte podía tener la misma apariencia que cualquier otra fotografía y mostrar
cualquier cosa, desde una habitación paupérrima y desolada de Alabama hasta
un pasajero del metro de Nueva York ensimismado en sus pensamientos.
La
cualidad artística estribaba únicamente en la claridad, la inteligencia y la
originalidad de la percepción del fotógrafo.
Este nuevo estilo directo que se nutre de temas a veces agresivamente
ordinarios, que elimina las barreras entre lo bello y lo feo, lo importante y lo
trivial, será el que en la década de los treinta facilite la penetración de la
estética moderna en la fotografía americana y, a la larga, el que proporcione las
herramientas básicas a otros muchos fotógrafos y artistas de las generaciones
siguientes para construir su obra.
Pero con su aparente frialdad podía resultar
un estilo inmensamente rico en contenido expresivo, capaz de encontrar
poesía y complejidad en los recursos internos de la tradición americana,
evitando todo romanticismo, sentimentalidad y nostalgia. Por fin aparecía una
alternativa duradera a la tradición.
Unos años antes, la mirada inédita y renovadora de Atget, cuya obra conocía y
admiraba profundamente Evans, ya había introducido de manera más o menos
sutil esa fisura, en la que ahondará la fotografía contemporánea, entre el
documentalismo de autor y la simple fotografía que aplicaba la propia tradición
descriptiva del medio. Sus puntos de vista poco convencionales, a veces
sesgados, para mostrar mejor un

El proyecto “Los tiempos de un lugar”, en
CDAN. Centro de Arte y Naturaleza. Fundación Beulas, reúne una serie de artistas que exploran a través de sus
trabajos nociones de tiempo, temporalidades diversas que comparten el hecho de desarrollarse, en
la mayoría de ellos, en un entorno natural.
“Los tiempos de un lugar” se puede entender como la conjugación de un paisaje. Hacer posible la
transición en el término “paisaje” de su condición nominal a una condición verbal; permitir que pase
de ser un sustantivo a ser un verbo, tal y como sugiere W.J.T. Mitchell.
Las piezas que integran la exposición toman como referencia “paisajes” que finalmente se
desarrollan y muestran como “lugares”, entendiendo como “lugar” un concepto mucho más amplio y
ambivalente. El lugar deviene asimismo un término más denso, más completo y complejo dado que
incorpora el tiempo. Los lugares se convierten en cápsulas de tiempo, en donde los eventos se
acumulan, se superponen a modo de estratos, y en donde la mirada activa los posibles pasados de
ese lugar. El lugar, a través del tiempo que condensa, dinamiza los posibles significados políticos de
un determinado paisaje.
Asimismo, otro de los elementos que comparten los trabajos que integran este proyecto es el hecho
de ser piezas todas ellas basadas en medios temporales, de ser obras realizadas en video o en cine.
El entorno natural se recupera en los años 60 y 70 como motivo cinematográfico por parte de
aquellos artistas que están investigando nuevas sintaxis y posibilidades para el medio, y es asimismo
recuperado por artistas contemporáneos. Para todos ellos, el entorno natural, la exploración de
lugares, permite la investigación de las capacidades no narrativas de la imagen en movimiento así
como profundizar y enfatizar el parámetro temporal de esa imagen. El cine permite dinamizar el
paisaje: pasar de una representación estática, tal y como lo ha hecho históricamente pintura y
fotografía, para mostrar el entorno natural en movimiento aproximándose, de esa forma, a la
percepción subjetiva e individual del paisaje.
La exposición se acompaña de una publicación con textos de la comisaria, Laura Mulvey, Jean-
Christophe Royoux, y de los artistas participantes.
ARTISTAS DE LA EXPOSICIÓN:
ROBERT SMITHSON I STAN BRAKHAGE I CHRIS WELSBY I JAMES BENNING I TACITA DEAN I
PATRICIA DAUDER I DARREN ALMOND I BERYL KOROT I MELIK OHANIAN
detalle o el conjunto dentro de un contexto,
los descentramientos de la cámara, influirán de manera decisiva en Evans.
Como decía Lincoln Kirstein en American Photographs (1938): “El ojo de Evans
es el ojo de un poeta” y no en vano la modernidad de Evans, en la línea del
estilo descriptivo objetivo de Flaubert, no procede tanto del ámbito de las artes
plásticas sino del de la literatura con la que se identificaba y a la que aspiraba
desde su formación: Flaubert, Baudelaire, Joyce, Proust o James se
encuentran en ese cruce de caminos entre un arte cada vez más conceptual y
una literatura cada vez más visual. Artistas y escritores estaban descubriendo
que la vernácula América era su territorio de innovación y Evans contribuyó a
la creación de esa imagen por la que América se reconoció a sí misma.
RECORRIDO:
Más de un centenar de fotografías vintage (copia de época) originales realizadas
desde 1928 a 1975 muestran como Evans captó en imágenes concisas,
contundentes y sobrias todas las caras de una sociedad capitalista que se
presentaba al mundo como brillante ejemplo de desarrollo.
El recorrido comienza con una generosa selección
de sus primeras fotografías, tomadas con una
Leica en Nueva York en 1928. El tema moderno
de la ciudad, introducido por Baudelaire, recorre
su obra a través de escenas sencillas que
prescinden de adjetivos. Intrigado por las
posibilidades que ofrecen las vertiginosas alturas
de los rascacielos de Nueva York, sus imágenes
acaban compartiendo afinidad con esa particular
tensión de lo moderno que tanto dominó el
fotógrafo ruso Alexandre Rodchenko: ángulos
inéditos en la época y sorprendentes puntos de
vista que muestran su interés por las posibilidades
de la abstracción geométrica.
Este primer acercamiento hacia la América real, junto con su concepción de la
fotografía como algo inherente al mundo, recorre su obra como hilo conductor.
Nueva York, La Habana, Nueva Orleans, Chicago, las grandes metrópolis del Este:
Evans inscribe la mayoría de sus proyectos fotográficos en la exploración del tejido
urbano y la acumulación de signos, enfocando su lente hacia una gama de objetos,
acontecimientos y personas en encuadres y perspectivas sin precedentes. Así,
aborda la calle desde el punto de vista del transeúnte en el notable reportaje que
realiza en La Habana en mayo de 1933 para ilustrar The Crime of Cuba, de Carleton
Beals. Durante ese viaje, de tan sólo tres semanas, Evans describe a la perfección
tanto el espectáculo social como la vitalidad de las grandes ciudades. Una imagen
especialmente conmovedora de una madre sin hogar con sus tres hijos testimonia la
dura realidad social que el dictador Machado había impuesto a sus ciudadanos.
En
la escena, los dos hijos mayores descansan envueltos en ropas hechas jirones,
tumbados boca arriba a los pies
de su madre; su sueño se
confunde fácilmente
con una perversa imagen de la muerte
Aquí, en una sociedad
destrozada por la opresión
política, Evans capturó las
primeras imágenes de pobreza
y desesperanza que caracterizarían
su trabajo posterior en
el Sur de Estados Unidos.
Esos años en los que Evans pasa a formar parte del nuevo programa impulsado por
Roosevelt (Farm Security Administration) para estabilizar la economía de la nación
sumida en la Gran Depresión serán realmente productivos. Comprende la amplitud
del drama social que ha ido a denunciar, pero sabe al mismo tiempo mantener una
distancia que, en último término, despoja a sus imágenes de las convenciones del
género y de cualquier sentimentalismo, así como de cualquier tipo de reivindicación
política. En una imagen memorable de un niño descalzo en el interior de su casa en
Morgantown, la austeridad del
interior se ve animada por la
presencia de carteles publicitarios
adornando las paredes. La amarga
ironía consiste en que esos
materiales son usados como aislante
para controlar la temperatura de la
cabaña. El Santa Claus cuyo rostro
mira por encima de la austera mesa
no trae regalos y deja incumplidas
sus promesas.
Este proyecto, sin precedentes por su manera de combinar la crítica social, el
documental y la estética, trataba de acercar las duras condiciones de vida y la
extrema pobreza de la población rural a un público ignorante de la situación por la
que atravesaba el país. Este primer desafío de la fotografía documental le llevó a
colaborar, junto con el escritor Jame Agee en Let Us Now Praise Famous Men: un
reportaje encargado por Fortune sobre la difícil cotidianeidad de los granjeros
sureños.
Sus resultados: los inquietantes retratos de los
miembros de la familia Burroughs y los estudios
de interior de su vivienda. Un primer plano de
Floy Burroughs a la entrada de su cabaña sitúa al
granjero contra una abstracto vacío negro,
afilando el curtido rostro quemado por el sol.
La estrecha relación entre fotógrafo y el sujeto
humano originado en su viaje al Sur de Estados
Unidos, y en particular la convivencia con tres
familias del condado de Hale, resonó mucho
tiempo después de su regreso a Nueva York.
Granjero arrendatario de Alabama, 1936
©Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art
Será a partir de entonces, entre 1938 y 1945, cuando Evans emprende un
experimento radical dentro del retrato. Con una Contax de 35 mm, comienza a
trabajar de forma completamente distinta: ocultándola bajo el abrigo, sin control de
encuadre, se centra en las caras y
gestos de los viajeros del metro de
Nueva York. Pretendía fotografiar a
las personas de improviso,
atrapándolas al natural y
mostrándolas sin tapujos.
En estas
imágenes, los rostros aparecen
despojados de la cortesía habitual.
Incluso el vínculo familiar se
transforma en distanciamiento en este escenario, como en el caso de la mujer que
mira distraídamente fuera del encuadre
mientras abraza a su hijo alrededor del muerte
cuello.
En Fortune alternó trabajos en blanco y negro con otros en color. Y a pesar de su
desconfianza hacia la eficacia pictórica del color, en la última fase de su carrera -
desde finales de los cincuenta hasta su muerte en 1975- se convierte,
sorprendentemente, en el eje de su trabajo y en una nueva lente a través de la que
investigar sus intereses.
En 1974, el lanzamiento de la Polaroid SX-70 ofrecerá a un
artista de salud débil la posibilidad de seguir creando, al suprimir por completo el
duro trabajo del cuarto oscuro.
En sus instantáneas postreras persisten
los temas que le han obsesionado a lo
largo de toda su carrera.
En las
fotografías de letreros, los colores
chillones pueden ser nuevos, pero la
fragmentación y el lenguaje provocativo y
con doble sentido permanecen fieles a la
iconografía vital de Evans.
Las imágenes
son expresiones gráficas de una sociedad
que se ha vuelto insensible a las múltiples
representaciones que componen su
experiencia cotidiana. Este es, de hecho,
el rasgo inmutable y singular de su
trabajo: obtener de la insignificancia de lo
particular, la gravedad de lo colectivo,
para conocer el mundo por sus formas primitivas y, a menudo, inadvertidas.
CATÁLOGO:
Con motivo de la exposición FUNDACIÓN
MAPFRE ha editado un catálogo en español
y en inglés.
Además de la reproducción de las obras que
se presentan en la exposición, el catálogo
incorpora dos estudios que aportan un
mayor conocimiento de la obra de nuestro
protagonista. Jordan Bear, investigador de la
Universidad de Columbia, en “Walker Evans:
en el reino de lo cotidiano”, ha escrito una
completa biografía basada en los
manuscritos del Archivo Walker Evans custodiado en el Metropolitan Museum, un
ensayo que resulta un complemento perfecto de las obras de Gilles Mora y John T.
Hill, Jerry L. Thompson y Belinda Rathbone. A su vez, Chema González,
investigador, crítico y comisario independiente, en “Walker Evans y la invención del
estilo documental” aborda las creaciones de Evans en el contexto de la historia del
arte y de la fotografía del siglo XX, poniendo de manifiesto su relación con
determinadas estéticas (simbolismo, pictorialismo, surrealismo) y su compromiso con
una fotografía que reivindica lo vernáculo y que constituye un retrato exacto de la
sociedad norteamericana del siglo XX.
Una conversación de Jeff L. Rosenheim con Vicent Todolí, director de la Tate
Modern, a propósito de los logros y el legado de Walker Evans y del papel de la
fotografía en el arte moderno, y una detallada bibliografía elaborada por Jordan Bear,
completan un catálogo llamado a ser una referencia inexcusable para entender a uno
de los más grandes fotógrafos del siglo XX.
James Benning es un testigo constante de los
lugares que visita y revisita. Los filmes de este
autor, siempre realizados en 16mm, son retratos de
un lugar a lo largo del tiempo. Varios de los lugares
de la geografía norteamericana han protagonizados
sus filmes durante décadas. Y las películas se conforman por planos fijos de diversa duración y
desde diferentes puntos de vista de esos lugares objeto de la grabación.
Uno de los lugares que de forma repetida Benning ha visitado a lo largo de los años es la “Spiral
Jetty” de Robert Smithson, y asimismo aparece en diversos de sus filmes, en North on Evers y
Deseret por ejemplo. En 2007 finalmente se convirtió en protagonista absoluta de la película casting
a glance. La película resultante se realizó a lo largo de dos años 2005-2007, durante los cuales
Benning visitó la pieza de Smithson 16 veces.
Beryl Korot: la obra realizada en video explora un lugar: la arquitectura del que
fue el primer campo de concentración de la Alemania
nazi.
Todas las imágenes que conforman la instalación
proceden de la grabación que Korot efectuó en el lugar en 1974. Capturó principalmente planos fijos
desde posiciones muy concretas: el exterior, diversos interiores, sin evitar filmar los turistas que
pudieran haber, pero concentrándose en la arquitectura.Un total de cuatro horas y media de metraje
que tras un meticuloso y peculiar -para la época- trabajo de edición resultaron en una instalación
compuesta de cuatro monitores sincronizados cuya duración es de 24 min.
La edición rechaza una presentación lineal, una “documentación” del lugar y emplaza al espectador a
una lectura más compleja y abstracta de tal sitio. La obra resultante se articula de forma efectiva en
base a la repetición como estrategia para activar la memoria, y evitando una
vinculación emocional.
Darren Almond realizó A (2002) durante una residencia con
Mission Antarctica y el film resultante se divide en tres
episodios que se distinguen claramente por el
respectivo tratamiento visual y sonoro. Comparten sin
embargo la presencia absoluta y total del paisaje, sin
anécdotas y sin distracciones posibles.
La primera
registra el viaje al lugar, la segunda muestra el paisaje
del lugar y la agresividad del hielo, y la tercera refleja
el posible estado alucinógeno que ese entorno puede
provocar tras la inmersión en unos parámetros espaciales y temporales totalmente diferentes.
El sonido que acompaña cada capítulo es singular y definitorio.
Se realizó a partir de los sonido
grabados in situ de los movimientos del hielo, de la fragmentación de las placas, etc. y su tratamiento
posterior con sintetizadores así como la adición de elementos rítmicos y de percusión puede ser
desestabilizadora. La obra resultante es el retrato de un paraje de extrema belleza, donde conviven la
fragilidad y la agresividad, de un modo que puede ser perturbador

James Benning, casting a glance, 2007, Película en 16 mm, 80 min © James Benning, 2008

Beryl Korot, Dachau 1974, 1974
Videoinstalación, 24 min
Collection of Pamela and Richard Kramlich, San
Francisco
© Beryl Korot, 2008

Darren Almond, A, 2002,
Vídeo, 22 min
Studio Darren Almond
© Darren Almond, 2008